La sostenibilidad de una infraestructura no se mide únicamente por su coste inicial o por la eficiencia durante su construcción. También depende de su capacidad para mantenerse útil, adaptarse a las transformaciones sociales y responder a los desafíos ambientales. Esta ha sido una de las reflexiones de Antonio Burgueño, director de Sostenibilidad de FCC Construcción, durante su ponencia Construyendo hoy el futuro en el III Congreso de Sostenibilidad.es de Grupo Merca2.
Burgueño ha planteado la sostenibilidad como la capacidad de permanecer en el tiempo. Desde esa perspectiva, construir de forma responsable implica pensar en las generaciones futuras y en si las infraestructuras que se desarrollan hoy podrán responder a las necesidades de la sociedad dentro de décadas.
El planteamiento exige ampliar el horizonte de las decisiones empresariales. Una obra puede cumplir sus objetivos inmediatos, pero su contribución a largo plazo dependerá de cómo se haya diseñado, de los recursos que utilice y de su capacidad para adaptarse.
La rentabilidad es necesaria, pero no basta
Durante su intervención, Burgueño ha subrayado que la rentabilidad económica es imprescindible para que una actividad pueda mantenerse, aunque no es suficiente para definir su sostenibilidad. La viabilidad financiera debe convivir con la reducción del impacto ambiental, el uso responsable de los recursos y la calidad de los resultados.

Esta visión sitúa la sostenibilidad en el centro de la planificación, en lugar de tratarla como un elemento añadido al final del proyecto. Las decisiones sobre materiales, diseño, eficiencia y mantenimiento condicionan el comportamiento futuro de una infraestructura y pueden determinar su capacidad para continuar prestando servicio.
El reto consiste en encontrar soluciones que permitan avanzar y, al mismo tiempo, reducir el impacto medioambiental. La calidad debe entenderse también como la capacidad de una construcción para conservar su utilidad y responder a cambios que todavía no se han producido.
Anticiparse a los cambios climáticos y sociales
La construcción afronta un contexto en transformación. Los cambios climáticos y sociales obligan a revisar cómo se proyectan las infraestructuras y qué necesidades deberán atender en el futuro. La adaptación y la planificación a largo plazo se convierten en componentes fundamentales de cualquier estrategia sostenible.
La ponencia de Antonio Burgueño ha conectado con otros debates del congreso sobre industrialización, materiales, eficiencia energética y medición del impacto. En todos ellos aparece una misma exigencia: valorar los resultados más allá de la ejecución inmediata y tener en cuenta las consecuencias de las decisiones a lo largo del tiempo.
Construir de forma sostenible significa pensar en la permanencia, la adaptación y la utilidad futura. La rentabilidad permite que los proyectos se mantengan, pero la sostenibilidad requiere incorporar también criterios ambientales y sociales.
Sostenibilidad, viabilidad y responsabilidad
La rentabilidad es una condición para que las empresas y los proyectos puedan mantenerse, pero no describe por sí sola todos sus resultados. La visión expuesta por Antonio Burgueño plantea que las decisiones deben combinar viabilidad económica con responsabilidad ambiental y social. Esa combinación exige valorar qué recursos se consumen, qué efectos produce una infraestructura y cómo puede seguir cumpliendo su función a lo largo del tiempo.
El enfoque enlaza con los debates sobre arquitectura sostenible e industrialización, donde se ha señalado que la eficiencia del proceso debe ir acompañada de decisiones adecuadas sobre diseño y materiales. En ambos casos, el objetivo es evitar una mirada limitada a la fase inicial. Construir hoy pensando en el futuro implica asumir que el impacto de una obra no termina cuando se entrega, sino que continúa durante toda su vida útil.
Planificar con una perspectiva de largo plazo
Las infraestructuras se diseñan para prestar servicio durante periodos prolongados, de modo que las decisiones iniciales pueden condicionar su comportamiento durante años. La selección de materiales, el mantenimiento, la eficiencia y la posibilidad de adaptación influyen en los recursos necesarios para conservar su funcionalidad. Una visión sostenible debe contemplar tanto la construcción como la etapa de uso y las necesidades futuras de renovación.

Los cambios climáticos y sociales hacen más importante analizar si las infraestructuras podrán responder a condiciones distintas de las actuales. La planificación a largo plazo no elimina la incertidumbre, pero permite identificar riesgos y considerar alternativas desde el proyecto. También invita a valorar la durabilidad y la capacidad de adaptación como elementos de calidad, junto con el coste y el plazo de ejecución.


