La sostenibilidad se ha consolidado como un factor de competitividad para muchas grandes empresas, pero su incorporación continúa siendo un reto para parte de las pequeñas y medianas compañías. Esta ha sido una de las cuestiones abordadas en la mesa de empresa, competitividad y sostenibilidad del III Congreso de Sostenibilidad.es de Grupo Merca2.
El debate ha estado moderado por Germán Granda, director general de Forética, y ha reunido a Julián López-Arenas, director de Competitividad de la Cámara de Comercio de España; Paula Garralón, abogada experta en inteligencia artificial en Bird & Bird; y Rocío Ruiz-Cabello, manager de ESG y Sostenibilidad en Orange España.
Julián López-Arenas ha señalado que, aunque muchas grandes compañías ya han interiorizado la sostenibilidad, las pequeñas y microempresas necesitan apoyo para comprender su valor y convertirla en una herramienta de gestión. En algunos casos, la respuesta sigue centrada en cumplir la regulación, en lugar de integrar estos criterios en las decisiones de negocio.
El Programa Pyme Sostenible
La mesa ha puesto de relieve la importancia de acercar herramientas y acompañamiento a las empresas de menor tamaño. La sostenibilidad puede ayudar a mejorar procesos, anticipar exigencias de clientes y cadenas de suministro y reforzar la capacidad de competir, siempre que las pymes dispongan de información y recursos adecuados.
En este contexto se ha abordado el Programa Pyme Sostenible, vinculado al apoyo a pequeñas y medianas empresas en la incorporación de criterios de sostenibilidad. El Programa Pyme Sostenible está cofinanciado por la Unión Europea a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional.
El reto consiste en que las compañías no contemplen estos cambios solo como una obligación administrativa, sino como una oportunidad para prepararse ante un mercado en el que la información ambiental y social tiene cada vez más relevancia.
La inteligencia artificial necesita gobernanza
Paula Garralón ha abordado la aplicación de la inteligencia artificial (IA) desde la perspectiva jurídica y de gobernanza. La IA puede mejorar la eficiencia y acelerar soluciones, pero las empresas deben anticipar sus riesgos, definir quién supervisa las decisiones y asumir la responsabilidad sobre sus consecuencias.
El uso responsable de estas tecnologías requiere algo más que incorporar una herramienta. Hace falta establecer criterios internos, controles y una cultura de uso que tenga en cuenta las implicaciones éticas y legales. La gobernanza tecnológica se convierte así en parte de la gestión empresarial.

Por su parte, Rocío Ruiz-Cabello ha defendido la integración de los criterios ESG —ambientales, sociales y de gobernanza— en la estrategia y el papel de la innovación para generar valor a largo plazo. La mesa ha concluido que las empresas necesitan objetivos claros, herramientas prácticas y una gobernanza capaz de traducir los compromisos en resultados.
Innovación responsable y supervisión humana
La inteligencia artificial puede ayudar a analizar información y agilizar determinadas tareas, pero su incorporación plantea preguntas sobre responsabilidad, supervisión y uso adecuado de los datos. Las empresas necesitan definir quién toma las decisiones, cómo se revisan los resultados y qué mecanismos existen para detectar errores o consecuencias no deseadas. La tecnología puede apoyar el trabajo, pero no elimina la responsabilidad de la organización que la utiliza.
Las reflexiones de Paula Garralón y Rocío Ruiz-Cabello conectan dos dimensiones de la transformación empresarial: la gobernanza de las nuevas herramientas y la integración de la sostenibilidad en la estrategia. La innovación genera valor cuando responde a necesidades concretas y se utiliza con criterios claros. En ese sentido, los compromisos ambientales, sociales y de gobernanza deben traducirse en procesos, responsabilidades e indicadores, en lugar de quedarse en una declaración de intenciones.
La sostenibilidad debe encajar en la gestión cotidiana
Para las pequeñas empresas, el primer paso puede ser identificar qué aspectos de su actividad tienen mayor impacto y qué información les solicitan sus clientes o socios. A partir de ese diagnóstico es posible priorizar medidas y evitar que la sostenibilidad se convierta en una lista de obligaciones desconectadas del negocio. El acompañamiento y las herramientas prácticas ayudan a trasladar conceptos generales a decisiones asumibles para cada organización.

La integración de los criterios ESG puede relacionarse con la eficiencia de los procesos, la gestión de proveedores, la organización del trabajo y la preparación ante futuras exigencias del mercado. No todas las compañías tienen los mismos recursos ni los mismos impactos, de modo que la respuesta debe adaptarse a su tamaño y actividad. La clave está en avanzar con objetivos claros y evidencias que permitan conocer el progreso.


