La sostenibilidad no se limita a reducir emisiones o utilizar los recursos de forma eficiente. También está relacionada con la calidad de vida, el bienestar físico y mental y las condiciones ambientales en las que se desarrolla la vida cotidiana. Esa conexión ha centrado la mesa Salud, bienestar y sostenibilidad del III Congreso de Sostenibilidad.es, organizado por Grupo Merca2.
El debate ha estado moderado por Paloma de la Puente, partner de Conese, y ha contado con Teresa Cabezón, responsable de Fundación Verisure, y Aida Suárez, directora de One Health del Grupo UAX. Las participantes han abordado la relación entre el entorno y la salud, así como la necesidad de incorporar una visión amplia del bienestar en las estrategias de sostenibilidad.
La calidad del aire, el acceso al agua, la alimentación, la actividad física y la disponibilidad de espacios naturales próximos son factores que pueden influir en el bienestar. Por ello, las decisiones ambientales y urbanas tienen consecuencias que van más allá de los indicadores ecológicos.
La soledad y el bienestar social
Teresa Cabezón ha puesto el foco en la soledad no deseada y sus efectos sobre el bienestar. La dimensión social de la sostenibilidad exige prestar atención a situaciones que pueden afectar a la salud emocional y a la conexión de las personas con su entorno. Fundación Verisure ha trabajado esta cuestión, incluida en un informe publicado en 2025 sobre la soledad.

Este enfoque amplía la idea de impacto sostenible: no basta con analizar el consumo de recursos o las emisiones de una actividad. También importa observar cómo las decisiones y los servicios influyen en las personas, qué necesidades quedan desatendidas y qué iniciativas pueden contribuir a mejorar la vida en comunidad.
El bienestar social requiere colaboración y una mirada que contemple tanto los factores ambientales como las relaciones humanas. La prevención de la soledad y la promoción de entornos que favorezcan la participación forman parte de una conversación más amplia sobre sostenibilidad.
One Health: conectar salud humana y entorno
Aida Suárez ha abordado el enfoque One Health, que plantea la conexión entre la salud humana, la salud animal y el medioambiente. Desde esta perspectiva, la protección ambiental y la salud no pueden tratarse como ámbitos independientes: comparten factores de riesgo y necesitan respuestas coordinadas.
Su intervención ha destacado la importancia de la innovación, la educación, la investigación y la transferencia de conocimiento para responder a las necesidades del sector sanitario. La colaboración entre universidades, centros de investigación, hospitales y empresas puede ayudar a adaptar la formación y desarrollar soluciones.
La mesa ha dejado una conclusión: la sostenibilidad tiene una huella especialmente humana. La calidad del entorno, los hábitos de vida y las condiciones sociales influyen en la salud y el bienestar. Medir el impacto exige considerar también estos resultados, con alianzas e innovación como herramientas esenciales.
Colaboración para una visión integral de la salud
El enfoque One Health ayuda a comprender que la salud humana, la salud animal y el medioambiente están conectados. Los riesgos no siempre respetan las fronteras entre disciplinas, por lo que la investigación y la prevención requieren intercambio de conocimiento entre distintos sectores. La educación y la innovación pueden contribuir a preparar profesionales y desarrollar respuestas que tengan en cuenta esta interdependencia.
Las intervenciones de Teresa Cabezón y Aida Suárez, moderadas por Paloma de la Puente, han ampliado el debate sobre sostenibilidad hacia la soledad no deseada, el bienestar y la investigación. La dimensión social recuerda que el impacto también se expresa en la calidad de vida y en la capacidad de las personas para mantener vínculos y acceder a entornos saludables. Incorporar estos aspectos en la estrategia exige cooperación, conocimiento y atención a las necesidades reales.
El entorno cotidiano influye en el bienestar
El vínculo entre salud y sostenibilidad se aprecia en elementos cotidianos como la calidad del aire, el acceso al agua, la alimentación, la actividad física y la disponibilidad de espacios naturales. Estos factores forman parte de las condiciones en las que las personas viven y trabajan, y muestran que las decisiones sobre el entorno también pueden tener consecuencias para el bienestar. Por ello, las políticas y estrategias sostenibles pueden beneficiarse de una visión que conecte los indicadores ambientales con las necesidades de la población.

Esta perspectiva invita a evitar una separación rígida entre lo ambiental y lo social. Un proyecto puede reducir determinados impactos sobre los recursos y, al mismo tiempo, debe considerar cómo afecta a las personas y a las comunidades. La evaluación del bienestar necesita atender a las condiciones del entorno y a las relaciones sociales, además de reconocer que las necesidades varían entre grupos y situaciones.


